EL GRAN DESCONOCIDO

 




14 de marzo 2015, Pilar Argelich Casals

Seguimos, una semana más, reflexionando sobre el credo:

Creo en Dios Padre…. Creo en Dios Hijo…. Creo en Dios Espíritu Santo…

El Espíritu Santo es el gran desconocido. ¿ Cómo podemos,  dentro del misterio,  hablar a nuestros hijos de la tercera persona de la Santísima Trinidad?.

Es fácil para ellos entender que Dios es un Padre que nos quiere y nos cuida con amor; les hemos enseñado a  rezar el padrenuestro  de pequeños y a ofrecerle el día; a sentirse seguros y protegidos.  Conocen la vida de Jesús, el Hijo de Dios que se hace hombre para salvarnos.  Han repetido muchas veces el Jesusito de mi vida;  y se lo imaginan y  lo ven cercano. Pero …¿Qué saben del Espíritu Santo?

Podemos empezar, acudiendo al Nuevo Testamento y leyendo con ellos los pasajes en los que aparece el Espíritu Santo. Ver también qué símbolos lo representan: la paloma  que se posa sobre Jesús en el  bautismo, el fuego que transforma todo lo que toca…

El  Espíritu Santo es el amor personal entre el Padre y el Hijo. Y junto al Padre  y al Hijo es Dios. ¡Un solo Dios!.

Y a la vez, es un don de Dios a los hombres. Es Amor y Don. Un gran regalo que Jesús nos da para que nos haga santos. El Espíritu Santo es el mayor regalo que podemos recibir, porque es Dios que se da a sí mismo. El amor de Dios que llena nuestros corazones y nos transforma y nos hace hijos de Dios.

Y así, cuando digan:


“Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.”


Tendrán una imagen: un regalo de Amor  que vive en nosotros y nos hace mejores. Y empezarán a comprender que el mejor regalo que ellos pueden hacer a los demás es quererles,  porque el  que  ama siempre busca el bien de la persona amada.

Cuando juntos, cada domingo, rezamos el credo, y expresamos y compartimos en comunidad las verdades que creemos, damos un salto en el tiempo y nos remontamos a los orígenes del cristianismo. Que sepan nuestros hijos que es una oración antiquísima en la Iglesia, que la han rezado generaciones y generaciones de cristianos antes  que nosotros,  y que nos vean rezarla con  devoción, alegría y fe.


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